Expertos internacionales en la enfermedad de Parkinson apostaron por combinar en su tratamiento la genética y la patología molecular, al tiempo que "descartaron que la solución pase por los trasplantes celulares".
En unas jornadas celebradas en Pamplona (Navarra), los especialistas indicaron que la clave para hallar terapias más prometedoras puede estar en combinar dos tipos de avances.
Por una parte, entender cómo los trastornos genéticos conducen a la pérdida de neuronas en la sustancia negra y, por otra, medir la progresión del proceso neurodegenerativo con técnicas de neuroimagen.
En la actualidad hay en Europa un millón de personas afectadas por la enfermedad del Parkinson, 100.000 de ellas en España, cuyos síntomas son lentitud y escasez de movimientos, temblor, rigidez muscular y, conforme pasan los años, trastornos del equilibrio y de la marcha, alteraciones del sueño y vegetativas (estreñimiento, disfunción vesical, impotencia) y déficit cognitivo.
Los expertos creen que en la actualidad el tratamiento farmacológico está bien conseguido y el quirúrgico (estimulación cerebral profunda) permite mejorar la calidad de vida de pacientes en quienes los fármacos no son suficientemente eficaces.
Por ello, "el reto más acuciante hoy es el diagnóstico precoz para detener su progresión", según el neurólogo de la Clínica Universitaria de Navarra y neurocientífico del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), José Obeso.
El médico español precisó que existen moléculas disponibles (rasagilina) o en vías de ensayo clínico (factores neurotróficos) con una posible acción neuroprotectora, pero aún no se ha conseguido descifrar por qué comienza la pérdida de neuronas y los mecanismos implicados en la progresión y extensión del proceso de muerte neuronal.
Para este especialista, "la dificultad en discernir estos aspectos capitales explica que, a pesar de pronósticos sensacionalistas de los últimos años con las células madre y el genoma humano, no se hayan producido avances significativos en el control" de esta enfermedad.
Los expertos concluyeron que para la próxima década se prevé un mejor control en la progresión del Parkinson aunque no es fácil vislumbrar su curación, y que el enfoque terapéutico debe ocuparse de restaurar en el paciente el déficit de dopamina lo antes posible y proteger otras regiones del cerebro para que no les afecte el proceso neurodegenerativo.
Constataron también que en un futuro cercano se podrá reconocer precozmente a personas con riesgo de desarrollar la enfermedad y así aplicar tratamientos neuroprotectores.
Sostuvieron además que los trasplantes celulares (células madre) dirigidos sólo a reponer el déficit de dopamina no aportan ningún avance significativo sobre los tratamientos existentes y que la terapia génica u otras posibilidades en desarrollo son más prometedoras para conseguir compensar los efectos de la pérdida neuronal en la sustancia negra y, sobre todo, prevenir su extensión hacia otras áreas del cerebro.
Fuente: La Tercera
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